sábado, 31 de julio de 2021

Volviendo a casa

 

Es el momento en que tus propias manos

ocultándote el rostro se sienten forasteras.

¿Cómo has llegado aquí? ¿Quién eres? Una lágrima

se sostiene en el párpado

lo enfría y aprisiona.

 El corazón golpea como cascos horadando la piedra.

 

Porque de pronto eres el que habita en un cuerpo

Enemigo de tu alma

Y extranjero en ti mismo, buscas en el espejo

Los ojos de tu padre,

La semejanza con aquel que nunca te soltó de su mano.

 

El amor que no sabe por qué ama

Llama al Amor Eterno, grita, se desespera

y el dolor se arrodilla ante su paz:

“Heme aquí, descarriada, jamás te dejé sola.”

Y posas la cabeza en sus rodillas

Huyen despavoridas las tinieblas y, entre sollozos, sabes

Que puedes perdonarte como Él te ha perdonado.


Salmo 119:75-77

75 Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justicia, y que conforme a tu fidelidad me afligiste. 76 Sea ahora tu misericordia para consolarme, Conforme a lo que has dicho a tu siervo.77 Vengan a mí tus misericordias y viva; Porque tu ley es mi deleite.


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